En el verano de 1953, cuando los trofeos amistosos de verano aún tenían relevancia deportiva y social, Ferrol inauguró el Torneo Concepción Arenal, un certamen veraniego que buscaba atraer a grandes clubes del fútbol español. El Athletic Club y el Valencia CF respondieron a la invitación, y el 30 de agosto de ese año ambos equipos se encontraron en ‘O Inferniño’ ante una multitud deseosa de fútbol de primer nivel. El Athletic se impuso por 3-1. El encuentro marcó no solo por ser la primera edición de aquel trofeo, sino la imagen de dos clubes respetados .
Cuarenta años después, el verano volvió a ser escenario de un episodio, esta vez en San Mamés. En agosto de 1993, la Catedral acogió el torneo conmemorativo del 80º Aniversario del estadio, un evento que reunió a varios equipos y que terminó con una final entre Athletic y Valencia. El partido parecía encaminado a resolverse sin grandes sobresaltos, hasta que a tres minutos del final apareció Predrag Mijatović. El atacante valencianista, ejecutó una falta directa perfecta que se coló por la escuadra y silenció San Mamés. Nueva historia, distinto final en casa de los leones.
Aparte de estas dos anécdotas en terrenos de juego, en los casi extintos, torneos de verano, hay un personaje que simboliza de manera especial cómo un futbolista puede transcender rivalidades y unir historias, Guillermo Gorostiza. Nacido en Santurce, fue una de las grandes estrellas del Athletic Club durante los años 30, destacando por su velocidad, habilidad y olfato goleador en una época dorada para el club de Bilbao. Tras su paso triunfal por el conjunto vasco, Gorostiza continuó su carrera en el Valencia CF en las décadas siguientes, donde se integró en la llamada “delantera eléctrica” del club valencianista. En este caso, historia de cómo un ídolo puede ser al mismo tiempo referencia para dos aficiones distintas, aun cuando estas comparten una rivalidad deportiva.
Décadas más tarde, en plena efervescencia del fútbol moderno, la Copa del Rey volvió a ser escenario de un episodio inolvidable entre valencianistas y rojiblancos. En la semifinal de la Copa del Rey 2022, tras empatar 1-1 en la ida en San Mamés, Gonçalo Guedes firmó un auténtico golazo en la vuelta en Mestalla. Su disparo desde fuera del área se incrustó en la red al filo del descanso del 2 de marzo de 2022, dando al Valencia una victoria por 1-0 que a la postre le clasificó para la final por 2-1 en el global. Fue una conquista marcada por la intensidad de un duelo de alto voltaje copero, en el que ese único latigazo de Guedes se convirtió en la clave para volver a una final dos años después. A pesar de esta victoria, el último recuerdo copero en Mestalla fue a la temporada siguiente, cuando los leones eliminaron al conjunto ché por 1-3. Se hizo famosa la imagen del consuelo de Muniain a Gaya al terminar el partido.
Estos partidos y figuras, construyen la sana rivalidad entre Valencia y Athletic, la matizan y la enriquecen. Ambos clubes se han encontrado históricamente en momentos clave del fútbol español, desde finales coperas hasta duelos ligueros decisivos, y siempre desde una relación marcada por el respeto competitivo y la exigencia mutua. El Athletic representa una idea de club única y profundamente identitaria; el Valencia, una tradición ganadora forjada a base de carácter. Cuando se enfrentan, como lo van a hacer en Copa del Rey, se enfrentan el ‘equipo bronco y copero’ y el ‘rey de Copas’ (aunque lo adelantara el Barcelona) en un partido que no mirará historiales pasados veraniegos, sino presentes futboleros.





